Pasan los días, los días a los que dentro de un tiempo me referiré como "los primeros días", "cuando llegué", "al principio".
Pasan los días y se acumulan las experiencias. La novedad ayuda. También el ir con el cuerpo abierto de par en par, dispuesto a recibir los estímulos desconocidos, como ese torrente de hormonas que es el primer amor.
Pasan los días y pareciera que hubieran sido meses. Pero apenas he visto a la luna completar su ciclo.
El país del dragón, Vietnam, aunque etimológicamente sea la tierra de la gente Viet. "Agua" y "País" en vietnamita son una misma palabra. Dragones para darle nombres a los caudalosos brazos grisáceos que se abren al mar de China. Dragones cuando se piensa en cuarenta años de guerra ininterrumpida.
Hace un par de semanas tuve ocasión de ver con mis propios ojos cómo se gana una guerra. No llegaría a los cincuenta y cinco kilos ni al metro sesenta. Le ofrecí mi ayuda pero dijo no, que él era suficiente fuerte. Se cargó la lavadora a la espalda, se puso de puntillas y subió hasta el tercer piso en una carrera que no me dio opción más que a la admiración.
Luego vinieron a mi mente las imágenes del Ho Chi Minh Trail y comprendí.
Suaves días en Vietnam, dulces refrescos de semillas de loto, cerveza con cubitos de hielo y una constante riada de motos.
el agradable síndrome de Stendhal
Hace 17 años
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