lunes, 1 de diciembre de 2008

Ríos


Vivo con un río plácido que se deja caer en el Mar de la China Meridional. No es el más largo ni el más caudaloso pero, como todos los ríos con los que he convivido, tiene una fuerte personalidad, la que le dan los seres humanos que se amontonan en sus orillas y sobre él mismo.
El Guadalete fue escenario de una epopeya que sería utilizada para marcar el inicio de Al-Andalus; el Guadalquivir que dividía aquel territorio del sur en dos; el Water of Leith, menudo, casi imperceptible, sobre el que se asomaban casas de cuentos de hadas; el Sena haciendo de París dos ciudades, la Rive Gauche, la Rive Droite. Hoy es el río Saigón, con sus barcazas de ojos como de cristal para ahuyentar los males y abrir el camino; la vegetación que como un ángel caído flota camino de la desembocadura; el color marrón-grisáceo del agua que, en los innumerables y retorcidos brazos que hacen cosquillas a los barrios de la ciudad, se torna gris plomo.
Este río que camina manso es recibido con ímpetu por su mar. La cópula es a veces tan intensa, como de amantes separados que volvieran a encontrarse a solas, que el mar empuja y empuja y las aguas que debieran bajar se comienzan a esparcer por la ciudad. La época de celo de las aguas dura un tiempo que aún no conocemos. Sólo sentimos el acto de sexo acuoso cuando el agua comienza lentamente a aparecer por Thao Diem para luego seguir corriendo por el Sô 4, rozando tu rodilla.
Aprendemos a vivir con estos amantes. Sabemos que una vez al día van a follar y van a correrse sobre nuestros pies.

martes, 7 de octubre de 2008

Phú Quốc

El avión comienza a acelerar y el ronroneo poco habitual de las turbohélices se transmite por las alas, el fuselaje, los asientos, dándonos la apariencia de pequeños muñecos que vibraran al son de alguna música ininteligible.
A los pocos minutos, el paisaje de bruma de Saigón y sus cuadrículas de avenidas, calles y hems va quedando atrás dando paso a las extensas llanuras marcadas por el trazo suave del Mekong ramificado y el tiralíneas de los canales los cuales, ellos también, forman otra cuadrícula, esta de arroz y agua.
Unos minutos más y de pronto, la costa. Islas. Agua revuelta porque el monzón, aunque en sus últimos estertores, aún impone su geografía de agua sobre agua, de agua sobre la vegetación exuberante, de agua sobre animales y sobre una pareja en moto que recorre la línea de la costa de Phú Quốc bajo su velo acuático.
Phú Quốc: Parece una joven isla de postal donde comienza a asomar el acné del urbanismo de turista.

Fotos...

jueves, 2 de octubre de 2008

De dragones y flores de loto

Pasan los días, los días a los que dentro de un tiempo me referiré como "los primeros días", "cuando llegué", "al principio".
Pasan los días y se acumulan las experiencias. La novedad ayuda. También el ir con el cuerpo abierto de par en par, dispuesto a recibir los estímulos desconocidos, como ese torrente de hormonas que es el primer amor.
Pasan los días y pareciera que hubieran sido meses. Pero apenas he visto a la luna completar su ciclo.

El país del dragón, Vietnam, aunque etimológicamente sea la tierra de la gente Viet. "Agua" y "País" en vietnamita son una misma palabra. Dragones para darle nombres a los caudalosos brazos grisáceos que se abren al mar de China. Dragones cuando se piensa en cuarenta años de guerra ininterrumpida.

Hace un par de semanas tuve ocasión de ver con mis propios ojos cómo se gana una guerra. No llegaría a los cincuenta y cinco kilos ni al metro sesenta. Le ofrecí mi ayuda pero dijo no, que él era suficiente fuerte. Se cargó la lavadora a la espalda, se puso de puntillas y subió hasta el tercer piso en una carrera que no me dio opción más que a la admiración.

Luego vinieron a mi mente las imágenes del Ho Chi Minh Trail y comprendí.

Suaves días en Vietnam, dulces refrescos de semillas de loto, cerveza con cubitos de hielo y una constante riada de motos.